La Primera Iglesia de Puerto Rico

Ensayos

                                                     Amargo

 

             Qué dura es la vida. Una mezcla de emociones y pesares que de verdad matan y reviven. Tanto sufrimiento y tanta alegría. Son abominables y a la vez milagrosos. Cómo es posible que las cosas más bellas y puras traigan tanta pena y desdicha. Dime tú, porque yo no tengo idea. Las mejores intenciones fracasan. Los mejores actos se corróen. Y los amores más dulces se convierten en pesos insoportables que le nublan la mente, el ánimo y dejan a uno sin deseos de vivir por mucho, mucho tiempo. ¿Cómo vivir? ¿Para qué? Le dan ganas a uno de rendirse, porque despues de tanto tratar y tanto ahinco, los resultados son muy familiares y conocidos. Parecen acompañar a uno en toda faena emprendida y suenan muy duro, como cadenas que arrastra uno por doquier. Ejemplos sobran y no son casualidad. Uno pisa y no arranca. Firmemente sujetado por años de dolor. Milagro que nos levantamos y tratamos, porque el peso de esas ligas son tan enormes que de solo pensarlo, se le quitan las ganas a cualquiera.

             Dicen que las cosas vienen porque convienen, pero bendito. Qué lindo y alentador suena, pero así no es el mambo. Ese es el gran misterio de nuestra existencia en este mundo. Lo bueno y lo malo. La bella y la bestia. Lo que viene y lo que se fué. Si existe un plan maestro que lleva el orden y las necesidades del hombre en el mundo, es un plan desquiciado. Solamente tienes que ver las agonías del pueblo para darte cuenta que algo anda mal, muy mal. Esto padeceres afectan a todos, los inocentes, como los culpables y cortan igual al dadivoso que al listo. El que ayuda lo desprecian, el que cuida lo olvidan y el que quiere, lo descartan. Cada uno tiene su cuaderno lleno de historias de éxito, pero tambien de sinsabores. Por más que trates, por más sacrificios que hagas y por más completo que ames, te llegará tu desconsuelo. Una sombra que opaca la luz y una cicatriz que llevarás en tu carne por siempre.

              ¿Y cómo combatir esta andanada de golpes que parecen multiplicarse a diario? Tu Señor Jesús. Porque mi Cristo no es de éste mundo material, manchado por el hombre. Vino desde el cielo, enviado por nuestro Dios Todopoderoso. Armado del Espíritu Santo es de la única manera que puedes afrontar, sobrellevar y vencer definitivamente al mal que nos agobia, la tristeza que nos consume y los pensamientos que prometen volvernos locos. Solamente caminando con Cristo de manos podrás dejar tus penas en otro plano y realmente vivir tu vida en paz. Pero llevar una imagen en la cartera o una estatua en el carro no te llevarán a nada. Tienes que vivir como él. Queriendo, cuidando, ayudando, enseñando, amando, comprendiendo y perdonando. No son cosas fáciles de hacer, créeme. Tu pasado, tus creencias, tus complejos, tus perdidas y tu crianza siempre tienen ese don mágico de meterse en el medio. Atracando y molestando. Estos maleficios de tu pasado o presente son los obstáculos que tienes que destruir. Sé que no es fácil. Dímelo a mí. Estas cosas se han incorporado en tu ser y a veces tienen más control de tu vida que tú mismo. ¿Y qué se va hacer? Tienes que buscar de Dios. Si nó, te quedas estancado, sonámbulo y moribundo.  Por más esfuerzos y adelantos, por más que adores y quieras, son actos efímeros y no tienen oportunidad alguna de ayudarte si no las combina con la Palabra de mi Señor Jesucristo.

             Podremos componer una lista de aquí hasta el cielo de las cosas que nos pueden atrasar. Pero lo efectivo sería crear una lista de lo que puedes hacer. A menos que sea un mal de amores, tienes toda posibilidad de eliminarlo en el momento. Si es de amor, suerte porque esa pena se adentra en ese mismo corazón que quieres sanar y su huella se queda aunque se cure la herida. Dicen que el tiempo cura todo. Realmente crées eso. Sólo tu fe en tu creador te llevará a entender lo misterioso de su proceder. Y confiando plenamente en su sabiduría y su misericordia tendrás la esperanza que tanto anhelas. Podrás buscar ayuda para tí y tu alma en las cosas del hombre, pero no te engañes. No hay doctor, ni sicólogo que te apaciguen esos dolores tan profundos. Solamente mi Dios y su divina enseñanza te conducirán y te entregarán esa felicidad que tanto necesitas.

             Tu vida tiene su propósito y tu disposición dictará cómo lo enfrentes. Pero tu fe es la que te puede salvar. La vida te puede traer la amargura. Pero la Iglesia Católica te puede traer el dulce maná que hará de tí una persona capaz y triunfadora en cualquiera de tus faenas. Estamos cerquita y esperando tu llegada. Aquí serás bienvenido y tu anfitrión tendrá todas las respuestas a esas preguntas que por tanto tiempo llevas en el alma. Puedes vagar y vagar, llorar y llorar, pero si te quieres encontrar, tienes que llegar aquí, porque Cristo Vive Aquí !                                                                                       Luis Nieves Sánchez, SSN.

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