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   Sígueme - "Dime con quién andas y te diré quién eres." Dicho que ha perdurado por siglos y que sigue siendo verdad en los tiempos modernos, como en los antiguos. Hay cosas que nunca cambian. ¿Para qué? El hombre siempre ha sabido lo que debía hacer. Esto de discernir entre el bien y el mal no es cosa de ciencia. No hace falta título, ni rango. Sabemos qué nos conviene y qué no. Que hagamos lo correcto es otra cosa. Que decidamos que vale la pena hacer lo indebido es solo brutalidad. El ego y sus acompañantes a veces nos pueden llevar hacer unas bobadas que nos asombrarán y nos remorderán por siempre.

   Lo hecho, hecho está. ¿Qué se va hacer? Somos humanos imperfectos. Este tirijala que llevamos, balanceando el bien y el mal nos tiene la conciencia bien ocupada. A todo momento estamos cuestionando y debatiendo nuestras acciones y pensamientos. Lo que debemos hacer debe ganarle siempre a lo que hacemos. Tienes que hacerle caso al angelito, no lo que dice el diablito. Es la cosa más fácil del mundo. Pero la fragilidad del hombre es legendaria y sus excusas para validar sus decisiónes realmente creativas. "Yo me lo merezco. Ya pa'qué. Esta será la última. Sólo esta vez. No vuelvo."

   Es difícil. Las tentaciones, las presiones, la comodidad, la avaricia, la codicia y la soberbia nos pueden crear un torbellino en nuestros almas.. Vivimos de proyecto en proyecto. Enfocándonos en nuestros deseos y voluntades. No pensamos en Cristo, a menos que se avecine un trauma. No crees que ya es tiempo de andar con nuestro Jesús. ¿Cuanta lucha, cuánto sacrificio? Sabemos que no se te ha hecho fácil. Nadie te critica. Lo que queremos hacer es ayudarle.

   Si tu alma, está muy llena de tí. Cómo crees que quepa tu Señor Jesucristo. Cuando de verdad pienses en tu prójimo. Cuando sigas el ejemplo de Jesús. Cuando vivas su Palabra. Cuando tengas la paz de mi Señor en tu alma. Entonces tus decisiones van a ser fáciles. Ser cristiano es saber las enseñanzas de nuestro Redentor y ponerlas en práctica. La teoría es muy bonita, pero si no las aplica a tu diario vivir, te estás engañando tú. No creas que estás engañando a tu gente. Y menos a tu Dios. Te conocen muy bien.

Imagínate estar en Judea en aquellos tiempos. Imagínate tener la oportunidad de estar al lado de Jesús. Poder encontrar su mirada. Caminar con él. Lo harías nó. Así como Jesús llamó a sus apóstoles. Así como sus entregas fueron totales. Así como lo adorarían por siempre. Así tienes que hacer tú. El llamado que oyó Pedro y los demás apóstoles, es el mismo llamado que Cristo te hace a diario. Respóndele, abrázalo y comprométete. Piensa en el bien que puedes hacer. Primero te alivias del trivialismo en tu vida, encontrarás paz y propósito para tus luchas y lo mejor de todo tendrás la oportunidad de ayudar a otros, llevándoles la gracia y la palabra de nuestro Salvador Jesucristo.

   Seguir a nuestro Redentor no es oneroso. Más fácil no puede ser. Querer a tu prójimo y a tu Dios. Si de verdad lo quieres seguir, tienes que demostrarlo. Nuestro Señor tambien quiere resultados. Hablarlo y no hacerlo es para cobardes e hipócritas. Ayuda a tus hermanos. Ayuda a tu Iglesia. Si no sabes como hacerlo, busca de sus siervos. Rodeate de sus siervos. Ellos te ayudarán a encaminarte. Hay muchas organizaciones en tu Iglesia y en tu comunidad que son puras de corazón y necesitan de tu ayuda. Juntos la gloria de Dios se multiplica. Lo único que sobrepasa la humildad de una persona orando, son muchos orando. Y quién sabe, siguiendo a Jesús, te puedas encontrar tú.                                  Luis Nieves Sánchez, SSN.